Los cruceros impulsan considerablemente la industria turística de Baleares, proporcionando una gran variedad de empleos sin agravar perceptiblemente el problema del exceso de turismo, que es una queja común en redes sociales y medios locales.
Los residentes mencionan playas abarrotadas, atascos, aumento de precios y falta de alojamiento, pero los cruceros no contribuyen significativamente a estos problemas, mientras generan uno de los mayores impactos económicos en la comunidad local en comparación con otros destinos.
Según el Informe Final 2023 de la Comisión Europea sobre Buenas Prácticas para un Turismo de Cruceros Sostenible, Palma de Mallorca experimentó un crecimiento del 182% en pasajeros de cruceros entre 2009 y 2019.
En 2019, el impacto económico de estos cruceros ascendió a 468,6 millones de euros, o 213€ por pasajero, una cifra superior a la media de otros destinos europeos. Esto probablemente se deba a la gestión eficaz del destino, que fomenta el gasto de los pasajeros y el uso de aplicaciones y medidas digitales para evitar la masificación en ciertas áreas.
En el puerto de Palma, los cruceros suelen estar atracados uno o dos días, a menudo solo por doce horas o menos. Durante este tiempo, algunos pasajeros exploran la ciudad de manera independiente, visitando restaurantes y atracciones, mientras que otros toman excursiones en autobús a distintas partes de la isla. Esto no solo ayuda a evitar aglomeraciones, sino que también reduce el tráfico excesivo por carretera típico de otros tipos de viajes turísticos. La configuración actual del aeropuerto favorece el uso de taxis, alquiler de coches y vehículos privados, ya que la alternativa es un autobús urbano poco frecuente e incómodo.
La queja principal de los isleños es el precio y la disponibilidad de viviendas, un problema que no se origina en el turismo de cruceros, dado que los pasajeros solo pasan el día en la ciudad. Este problema se debe más bien a la especulación inmobiliaria y al creciente número de alquileres vacacionales para turistas que se quedan una semana o más. Incluso cuando los cruceros tienen escalas nocturnas, los pasajeros suelen dormir en el barco en lugar de reservar hoteles o alquileres vacacionales, por lo que este tipo de turismo no exacerba este problema local ya que no ocupan territorio. Aunque siempre se puede mejorar la gestión de destinos, Baleares es un buen ejemplo de turismo de cruceros sostenible, utilizando plataformas digitales y una comercialización eficiente de visitas y excursiones para evitar la masificación y asegurar que el turismo de cruceros siga beneficiando a la economía local.
Las islas son un modelo de cómo los gobiernos, las líneas de cruceros y otras partes interesadas pueden trabajar juntos para un futuro económico sólido para todos.